6/7/12
22/2/12
La Plapla
María Elena Walsh
Felipito Tacatún estaba haciendo los deberes. Inclinado sobre el cuaderno y sacando un poquito la lengua, escribía enruladas emes, orejudas eles y elegantísimas zetas.
De pronto, vio algo muy raro sobre el papel.
–¿Qué es esto?– se preguntó Felipito, que era un poco miope, y se puso un par de anteojos.
Una de las letras que había escrito se despatarraba toda y se ponía a caminar muy oronda por el cuaderno.
Felipito no lo podía creer, y sin embargo era cierto: la letra, como una araña de tinta, patinaba muy contenta por la página.
Felipito se puso otro par de anteojos para mirarla mejor.
Cuando la hubo mirado bien, cerró el cuaderno asustado y oyó una vocecita que decía:
–¡Ay!
Volvió a abrir el cuaderno valientemente y se puso otro par de anteojos, y ya van tres. Pegando la nariz al papel preguntó:
–¿Quién es usted, señorita?
Y la letra caminadora contestó:
–Soy una Plapla.
–¿Una Plapla? – preguntó Felipito asustadísimo –¿Qué es eso?
–¿No acabo de decirte? Una Plapla soy yo.
–Pero la maestra nunca me dijo que existiera una letra llamada Plapla, y mucho menos que caminara por el cuaderno.
–Ahora ya lo sabes. Has escrito una Plapla.
–¿Y qué hago con la Plapla?
–Mirarla.
–Sí, la estoy mirando pero ¿y después?
–Después, nada.
Y la Plapla siguió patinando sobre el cuaderno mientras cantaba un vals con su voz chiquita y de tinta.
Al día siguiente, Felipito corrió a mostrarle el cuaderno a su maestra, gritando entusiasmado:
–¡Señorita, mire la Plapla, mire la Plapla!
La maestra creyó que Felipito se había vuelto loco. Pero no.
Abrió el cuaderno, y allí estaba la Plapla bailando y patinando por la página y jugando a la rayuela con los renglones.
Como podrán imaginarse, la Plapla causó mucho revuelo en el colegio.
Ese día nadie estudió.
Todo el mundo, por riguroso turno, desde el portero hasta los nenes de primero inferior, se dedicaron a contemplar a la Plapla.
Tan grande fue el bochinche y la falta de estudio, que desde ese día la Plapla no figura en el Abecedario.
Cada vez que un chico, por casualidad, igual que Felipito, escribe una Plapla cantante y patinadora la maestra la guarda en una cajita y cuida muy bien de que nadie se entere.
Qué le vamos a hacer, así es la vida.
Las letras no han sido hechas para bailar, sino para quedarse quietas una al lado de la otra, ¿no?
María Elena Walsh, La plapla, Espasa-Calpe, Bs As, 1996
11/2/12
Siempre y Nunca contra A Veces
SCI Marcos
Había una vez dos veces. Una se llamaba Una Vez y la otra se llamaba Otra Vez.
Una y Otra Vez formaban la familia A Veces, que vivía y comía de vez en vez. Los grandes imperios dominantes eran Siempre y Nunca que, como es evidente, odiaban a muerte a la familia A Veces. Ni Siempre ni Nunca toleraban que los A Veces existieran. Siempre no podía permitir que Una Vez viviera en su reino porque entonces Siempre dejaba de serlo porque si ya hay una vez entonces ya no hay siempre. Nunca tampoco podía permitir que Otra Vez apareciera otra vez en su reino porque nunca no puede vivir con una vez ni menos si esa vez es otra vez. Pero Una Vez y Otra Vez se la pasaban molestando una y otra vez a Siempre y a Nunca. Y así fue hasta que Siempre las dejó en paz para siempre y Nunca nunca las volvió a molestar. Y Una Vez y Otra Vez se la pasaron jugando una y otra vez.
“¿Qué me ves?" preguntaba Una Vez, y Otra Vez contestaba: “¿Pues qué no ves?"
Y así se la pasan felices de vez en vez, ya ves. Y siempre fueron una y otra vez y nunca dejaron de ser A Veces. Tan, tan.
Moraleja 1: A veces es muy difícil distinguir entre una vez y otra vez.
Moraleja 2: Nunca hay que decir siempre (bueno, a veces sí).
Moraleja 3: Los “siempres” y los “nuncas” los imponen los de arriba, pero abajo aparecen “los molestos” una y otra vez que, a veces, es otra forma de decir “los diferentes” o de vez en vez, “los rebeldes”.
Moraleja 4: Nunca vuelvo a escribir un cuento como éste, y yo siempre cumplo lo que digo (bueno, a veces no).
Subcomandante Insurgente Marcos, en Los Otros Cuentos
31/12/11
Final de Año - Jorge Luis Borges
Ni el pormenor simbólicode reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
que convoca un lapso que muere y otro que surge
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
aturden y socavan
la altiplanicie de esta noche
y nos obligan a esperar
las doce irreparables campanadas.
La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro
de que a despecho de infinitos azares,
de que a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil.
Jorge Luis Borges, en Fervor de Buenos Aires (1923)
30/11/11
Antiguo Labrador - A Tejada Gómez
Iban los ríos
como niños potentes ciñiéndole el regazo,
lamiéndole la tierna caparazón de greda
con su campana líquida,
sus sales planetarias,
iban los ríos solos subiéndose a los árboles,
mojándoles la sombra, procreando los pájaros.
Y la tierra era un ancho territorio, señor,
porque entonces la tierra no era buena ni mala.
Solamente camino.
Luna de la distancia.
Porque entonces la tierra no terminaba nunca
y el pan era un velero de la espiga lejana.
Pero el viento lo sabe,
siembra su siembra unánime,
la desata de noche con los dedos del aire,
su tránsito caliente le deshace los límites,
la libera de tantos oscuros propietarios.
Yo sé, señor,
yo he visto la noche sobre el campo,
su condición de estrella, su silencio pesado
y digo que no es cierto que puedan alquilarla,
que le alambren el torso, que le vendan la espalda,
porque la tierra entera pertenece a la noche,
al universo entero, al sudor de la azada
que mueve la fatiga campesina del mundo,
la voluntad labriega como una enorme pala.
Pertenece al que sabe
celebrar la alegría de ver crecer las plantas,
al cómplice del sol, al sembrador callado
que pone la semilla como un semen dichoso
y espera, lentamente, el milagro del agua.
Porque sin esta frente,
sin este rudo brazo,
sin el tiempo a destajo de gastarnos las manos,
quién dará testimonio de la vida en la tierra,
quién ha de prepararnos la primavera, el vino,
el fermento gredoso de donde viene el canto.
Por eso yo pregunto, señor: ¿cuándo es el día,
a qué hora, justamente, vamos a rescatarla,
qué hombres vendrán conmigo,
qué canción cantaremos,
qué flores sembraremos donde está la alambrada?
Digo que este mensaje debe saberlo América,
que no sólo nosotros,
que cada uno lo sepa,
porque hay un continente de tierra sometida,
gordos concesionarios,
carbón comprometido,
hay zonas donde el hambre tutea la agonía
y esclavitud de estaño
y cobre de miseria,
hay trigo condenado a los precios siniestros,
petróleo al que amenazan su primavera negra,
naranjas exportadas con todo el sol a cuestas,
hay niños que no encuentran al hombre,
caen antes,
se van, sonrisa abajo, muerte abajo,
se pierden entre los destituido que cae y se disgrega.
Que no sólo nosotros.
Que cada uno lo sepa.
Golpeo esta guitarra elemental: América,
hasta cavarle al medio un pozo de sonido,
hasta ponerle adentro una zamba furiosa,
mi percusión de sangre, señor, este latido
tan pariente del aire,
tan sol,
tan repartido
entre una antigua música de azúcar en nosotros,
para que desde el hombre continental subamos,
almíbar solidario, familia amanecida,
a empujar la esperanza pobrecita,
mestiza,
a desatar las manos de América nativa,
La tierra estaba de antes, señor.
Iban los ríos,
la lengua húmeda,
iban árbol arriba, a besar el tumulto donde empieza la vida.
Por eso yo pregunto, señor
¡cuándo es el día!
1/11/11
Tecum Uman - M A Asturias

Tecun Umán
el de las altas torres verdes, verdes,
el de las torres verdes, verdes, verdes
y en fila india indios, indios, indios
incontables como cien mil zompopos:
diez mil de flecha en pie de nube, mil
de honda en pie de chopo, siete mil
cerbataneros y mil filos de hacha
en cada cumbre ala de mariposa
caída en hormiguero de guerreros.
Tecún-Umán, el de las plumas verdes,
el de las largas plumas verdes, verdes,
el de las plumas verdes, verdes, verdes,
verdes, verdes. Quetzal de varios frentes
y movibles alas en la batalla,
en el aporreo de las mazorcas
de hombres de maíz que se desgranan
picoteados por pájaros de fuego,
en red de muerte entre las piedras sueltas.
Quetzalumán, el de las alas verdes
y larga cola verde, verde, verde,
verdes, tatuado de tatuajes verdes.
Tecún-Umán, el de los atabales,
ruido tributario de la tempestad
en seco de los tamborones, cuero
de tamborón medio ternero, cuero
de tamborón que lleva cuero, cuero
adentro, cuero en medio, cuero afuera
cuero de tamborón, bón, bón, borón, bón,
bón, bón, borón, bón, bón, bón, borón, bón,
bón, borón, bón, bón, bón, borón, bón, bón,
pepitoria de trueno que golpea
con pepitas gigantes en el hueco
del eco que desdobla el teponastle,
teponpón, teponpón, teponastle,
teponpón, teponpón, teponastle,
tepón, teponpón, tepón, teponpón,
teponpón, teponpón, teponpón...
Quetzalumán, el de las tunas verdes,
el de las altas tunas verdes, verdes,
el de las tunas verdes, verdes, verdes.
Las astas de las lanzas con metales
preciosos en victoria de relámpago
y los penachos despenicados
entre los estandartes de las tunas
y el desmoronamiento de la tierra
nublada y los lagos que apedrean
con el tún de sus tumbos sin espuma.
Tún, munición de guerra de Tecún
que llama, clama, junta, saca hombres
de la tierra para guerrear el baile
de la guerra que es el baile del tún.
Tún, tambor de guerra de Tecún,
ciego por dentro como el nido túnel
del colibrí gigante, del Quetzal,
el colibrí gigante de Tecún.
Quetzal, imán del sol, Tecún, imán
del tún, Quetzaltecún, sol y tún, tún
bo del lago, tún-bo del monte, tún
bo del verde, tún-bo del cielo, tún,
tún, tún, tún-bo del verde corazón
del tún, palpitación de la primavera,
en la primera primavera tún-bo
de flores que bañó la tierra viva.
¡Abuelo de ambidiestros! ¡Mano grande
para cubrirse el pecho con tlascalas
españoles, fieras con cara humana!
¡Varón de Galibal y Señorío
de Quetzales en el patrimonio
testicular del cuenco de la honda,
y barba de pájaros goteantes
hasta la última generación
de jefes pintados con achiote rojo
y pelo de frijol enredador
en penachos de águilas cautivas!
¡Jefe de valentías y murallas
de tribus de piedra brava y clanes
de volcanes con brazos! Fuego y lava.
¿Quién se explica los volcanes sin brazos?
¡Raza de tempestad envuelta en plumas
de Quetzal rojas, verdes, amarillas!
¡Quetzalumán, la serpiente coral
tiñe de miel de guerra el Sequijel,
el desangrarse el Arbol del Augurio,
en el augurio de la sangre en lluvia,
a la altura de los cerros quetzales
y frente al Gavilán de Extremadura!
¡Tecún-Umán!
Silencio en rama...
Máscara de la noche agujereada...
Tortilla de ceniza y plumas muertas
en los agarraderos de la sombra,
más allá de la tiniebla, en la tiniebla
y bajo la tiniebla sin curación.
El Gavilán de Extremadura, uñas,
armadura y longinada lanza...
¿A quién llamar sin agua en las pupilas?
En las orejas de los caracoles sin viento
a quién llamar... a quién llamar...
¡Tecún-Umán! ¡Quetzalumán!
No se corta su aliento porque sigue en las llamas...
Una ciudad en armas en su sangre
sigue, una ciudad con armadura
de campanas en lugar de tún, dueña
de semilla de libertad en alas
del colibrí gigante, del quetzal,
semilla dulce al perforar la lengua
en que ahora le llaman ¡Capitán!
¡Ya no es el tún! ¡Ya no es Tecún!
¡Ahora es el tán-tán de las campanas,
Capitán!
Miguel Ángel Asturias, en Torotumbo ; La audiencia de los confines ; Mensajes indios, Plaza & Janés, Barcelona, 1967.
20/10/11
Colibrí

4/3/11
Viva la diversidad
Siete cuentos para Nadie.
Cuento 7: "Cuenta el Viejo Antonio..."
Subcomandante Insurgente Marcos (SCIM)Leer texto
14/1/11
Maria Elena Walsh - Los Castillos
Los castillos se quedaron solos
sin princesas ni caballeros
solos a la orilla de un río
vestidos de musgo y silencio.
A las altas ventanas suben
los pájaros muertos de miedo
espían salones vacíos
abandonados terciopelos.
Ciegas sueñan las armaduras
el más inútil de los sueños
reposan de largas batallas
se miran en libros de cuentos
Los dragones y las alimañas
no los defendieron del tiempo
y los castillos están solos
tristes de sombras y misterio.
María Elena Walsh
Audio: Cuarteto Vocal Zupay, en Folklore sin mirar atras vol.2, 1968, Trova TL 18
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29/10/10
Cuento fusilado
Este cuento fue fusilado varias veces. Lo fusilaron los milicos de la campaña al desierto. Lo fusilaron los milicos de la semana trágica. Lo fusilaron en los basurales de José León Suárez. Lo fusilaron muchas pero muchas veces en la Plaza de Mayo.
Este cuento fue fusilado por la espalda, también de frente. Lo fusilaron en los campos de Trelew. Lo fusilaron antes de tirarlo al Río de la Plata. Lo fusilaron con Darío, con Maxi, con Pocho, con Natalia, con el Oso… y ahora con Mariano.
Este cuento fue fusilado varias veces. Hace pocos días fue un innombrable el que lo fusiló. Un cómplice de los fusilamientos pasados. Un tipo de la patota de la muerte. Un contratado de los sindicatos del poder. Un reventado.
Este cuento Mariano, fue fusilado tan joven, tan combativo, tan solidario, tan laburante, tan estudiante, tan militante… que da rabia, da bronca, da pena. Hay golpes en la vida tan fuertes… diría un Vallejo con pena en los dos ojos. Y así estoy, escribiendo el cuento fusilado, absurdamente asesinado, mientras con los dos ojos llenos de pena trato de encontrar a Elsa, peleando con la vida en el hospital, fusilada por el mismo grupo de asesinos rentados por la maldita burocracia sindical.
Este cuento fue fusilado varias veces. Y todas las veces los agujeros duelen en nuestro cuerpo. Duelen cuando la bala entra en la piel, cuando nos desgarra. Duelen los agujeros cuando quienes los cuentan quieren sacar ventajas o amortiguar desventajas. Duelen cuando quienes nos ven desparramarnos, tratan de hacer análisis de nuestra sangre derramada, calculando cuántos glóbulos rojos, cuántos glóbulos celestes y blancos, cuántos glóbulos perdemos todas, todos, con el cuento fusilado.
Este cuento fue fusilado varias veces. El rostro de Mariano no me deja dormir. Espero que no les deje dormir a muchos y a muchas.
Espero que el rostro de Mariano, de pie junto su gente, apoyando, marchando, denunciando, nos siga mirando a los ojos como lo hace ahora.
Este cuento fusilado no entiende las razones que desabrigan a unos cuerpos. Este cuento pide que sepamos crisparnos ante cada injusticia en nuestro propio cuerpo, el masacrado, el de siempre, el del pueblo.
Este cuento fusilado pide que nuestras lágrimas no se sequen mañana para levantar murallas de lágrimas secas entre unas luchas y otras, entre unos caminos y otros.
Este cuento fue fusilado en los cruces de todos los caminos. Y aquí se queda.
Claudia Korol. Octubre 2010
Pañuelos en Rebeldía
Fte.: DerechoaleerOrg
19/10/10
La poesía de González Tuñón

9/10/10
Griselda Gambaro en Frankfurt
Literatura, política y poder: discurso de apertura de Griselda Gambaro en La Feria del Libro, Frakfurt 2010
La posibilidad de un discurso de apertura me abría inicialmente muchos caminos, entre ellos los referidos específicamente al libro, a los problemas de difusión y mercado, a las nuevas formas digitales que implican una manera distinta de escribir y leer, a la falta de una legislación exhaustiva en este campo.
Podría referirme a nuestra cultura aluvional y mestiza, cultura de apropiación que generó, después del casi exterminio de las culturas originarias, un producto autónomo cuya apreciación, en los países europeos, aún suele estar teñida de cierto prejuicio folklórico.
O bien detenerme en el impacto que la literatura de lengua alemana provocó en los escritores de mi generación que leímos muy tempranamente a Thomas Mann publicado por editores argentinos. Podría mencionar a Herman Hesse, cuya lectura devoraron los jóvenes de la época, y la traducción de los poetas, desde Holderlin a Trakl. Vínculos que siguieron con Heinrich Böll, Günther Grass, Christa Wolf, Peter Handke, pero que después no tuvieron la misma continuidad, sobre todo referida a escritores igualmente valiosos pero de menor renombre. Y en relación a los autores argentinos fueron pocos los traducidos a la lengua alemana, por lo que es una gran reparación el Programa Sur de traducciones para nuestra presencia en esta Feria.
Sin embargo, por preocupación personal y porque, en líneas generales, me parecen abarcativas en aspectos que nos conciernen, me gustaría detenerme en otras consideraciones más próximas a la literatura en su relación con la política y el poder.
Durante la dictadura militar, los escritores argentinos pagaron a costo de la vida y del exilio su empeño en el compromiso social, imbricado, de más está decirlo, con distintas formas de considerar la propia literatura.
Como todas las sociedades en épocas de riesgo, hemos tenido escritores para avergonzarnos pero muchos más para experimentar orgullo. Orgullo como lo han tenido en este país que nos hospeda por la actitud frente al nazismo de Thomas y Heinrich Mann, Heinrich Böll, Werfel, Adorno, Hannah Arendt…
Entre nosotros, los argentinos, fueron muchos los escritores que sacrificó la dictadura con la idea de que la supresión del cuerpo implica la supresión de la acción y la memoria. Ellos, Rodolfo Walsh, Haroldo Conti, Miguel Ángel Bustos, Oesterheld y tantos otros han dejado su huella en el doble compromiso de la literatura y de la instancia social. Compromiso que en las condiciones más felices de la democracia prolongan autores como Andrés Rivera, Osvaldo Bayer o Juan Gelman, que en sus obras, sin violentar el origen ni el género, expresan implícita o explícitamente, la conciencia del mundo.
Esa conciencia tan avasallada hoy por los intereses económicos cuyo discurso de aparente razonabilidad, de ajustes implacables, las mayorías padecen pero no comprenden.
Literatura y poder tienen una relación más estrecha de lo que se cree, con vínculos que, aun en democracia, muchas veces han sido conflictivos.
Graham Greene decía que “debemos admitir que la verdad (del escritor) y la deslealtad son términos sinónimos”. Y agregaba que “el escritor estará siempre, en un momento o en otro, en conflicto con la autoridad, más o menos como el santo está generalmente en conflicto con la jerarquía de su iglesia”.
Y así debe ser por razones de sano distanciamiento en la preservación del espíritu crítico, de la disidencia como estado de alerta, si bien es preciso no confundir la disidencia – trabajo de pensamiento – con la estéril rutina del antagonismo sistemático.
A lo largo del tiempo, los escritores hemos lanzado señales sobre el trastorno de la condición humana, sobre la ferocidad de los procedimientos, sin que ninguno de los poderosos las leyera. Incluso muchos escritores creen actualmente que nuestra inoperancia frente al poder significa inoperancia de la literatura y muchos han renunciado en sus obras a alguna persecución de sentido a raíz del desencanto o en nombre de una subjetividad artística que los libera de todo compromiso.
Sin embargo, el mal del mundo nos contamina e incluso contamina los mejores ámbitos, aun los de esta Feria, y nuestra satisfacción siempre se verá turbada por esa intromisión irritante de la realidad. Mal del mundo que no consiste en fatalidades ineludibles sino en el resultado de un sistema que ni los economistas ni los políticos han logrado mejorar sustancialmente. Quizás en este punto se toquen políticos y escritores porque ambos no pueden escapar de sus responsabilidades, fundamentalmente éticas, en relación a la materia con la que trabajan: los pueblos y la política en un caso, la ficción lingüística, sea poética o narrativa, en otro. En unos, esa responsabilidad ética pasa por lo común a segundo término ante la complejidad de una acción que debe conciliar – globalizada – intereses y facciones de distinto cuño, muchas veces de naturaleza antagónica.
En los escritores, diría que la primera responsabilidad ética parte de esa “deslealtad” de la que hablaba Graham Greene y que consiste llanamente en la lealtad a la propia escritura.
Pero la escritura, sabemos, no es a-histórica ni se produce en el vacío.
Estamos ligados a nuestra época y no será el tema lo que nos ligará sino el tono, la manera, la elección de las palabras.
En la Argentina, hemos tenido estadistas, padres fundantes de la República, que han sido también grandes escritores, pero hoy las circunstancias de la modernidad son otras, y nuestro poder, el de los escritores, no se confunde ni se acerca tanto al poder del Estado, salvo en contadas áreas de la gestión cultural. Y hablo de nuestro poder porque eso tenemos cuando escribimos. Poder que no se compra, no se negocia. Por lo tanto, en un aspecto, poder muy frágil. Quien escribe, acomete una empresa que podría llamar imposible: fija el mundo en signos de ficción lingüística, aun relatando la mínima historia, el más breve poema, y al mismo tiempo, consciente de la realidad múltiple de ese mundo, intenta imponerle el producto de su poder frágil, la claridad inteligible de la escritura. Al desorden del mundo, la coherencia de un texto, al caos, la búsqueda de sentido o las interrogaciones sobre su falta.
Acometer la empresa parece imposible porque hay contendientes más desparejos que estos dos: el mundo – el poder del mundo – y la escritura.
Es lícito pensar que seremos vencidos. No por la mortalidad, por el desgaste que el tiempo inflinge a nuestras páginas. Digo vencidos ya, ahora.
Digo vencidos si pensamos en la disparidad de fuerzas, en lo inoperante que aparenta ser, ante una primera mirada, no sólo el acto solitario de escribir sino la literatura entera y todo el arte en general para modificar o influir sobre una alternativa de guerra o de violencia.
Sin embargo, persistimos. No porque desplacemos el asunto de la inoperancia sino porque lo desafiamos. Aun inconscientemente respondemos a un dictado que no se puede soslayar. En mi caso, sé que en el fondo de cada frase existe una voluntad que incluso pude desconocer mis propias intenciones: esa frase quiere oponerse a la injusticia del mundo, quiere organizarlo de otra manera con el poder frágil de la escritura.
Cuando escribo – y por lo tanto leo – puedo decirme que la inteligencia existe. Y que no es, obviamente, aquella que considera “procesos fascinantes” la creación de armas químicas o la invención a partir de una tecnología altamente sofisticada de aparatos destructivos. Que esa otra inteligencia existe y está ahí, en la página. Que el impulso creativo de la vida empieza en esa página, en la fuerza afirmativa de inventar y contagiar el deseo, que la lucidez existe y está ahí, y que mi pretensión, por más soberbia o desmedida que parezca, opone la inteligencia del juicio, del sentimiento y la imaginación a la locura en el mundo. Locura, por traer un ejemplo, que en el último agosto, a raíz de un incidente fronterizo en Medio Oriente, produjo cuatro víctimas por el corte de un árbol.
La literatura, aparte de significar muchas otras cosas, también es esto: la detención de la mirada sobre el árbol que crece y quiere vivir, el árbol cortado y la muerte. Hablar – escribir, leer – sobre la ausencia de cordura, aunque el azar de nuestra seguridad aparente protegernos.
Feria del Libro de Frankfurt 2010
5 de octubre de 2010
Fte.del texto: LavacaOrg
6/10/10
Semblanza de Juana de Ibarbourou
2/10/10
Jaime Dávalos - Canto al sueño americano

Despierta, juventud americana:
realiza la unidad continental;
rompiendo las fronteras provincianas,
herencia del sistema colonial.
Adelante, amanece sobre el mundo
y en la conciencia de la humanidad:
huésped de este planeta vagabundo,
que Dios tan sólo sabe adónde va.
Canta y que el aire americano
vibre en el yunque de un solo corazón.
El día en que los pueblos sean libres,
la política será una canción.
Antes que el sol deslumbre tu ventana
el lucero te ofrecerá una flor,
sobre la frente azul de la mañana
lumbrera religiosa del amor.
En marcha, juventud como la espiga,
agrario símbolo de solidaridad;
no olvides que la sangre nos religa
a los que mueren por la libertad.
Canta y que el aire americano
vibre en el yunque de un solo corazón.
El día en que los pueblos sean libres,
la política será una canción.
Jaime Dávalos
(Música de Eduardo Falú)
Audio: Eduardo Falú, cd Por la Huella del Canto, 1996
Imagen: composición ad hoc
Sobre Jaime Dávalos en Wikipedia.
Algo más sobre Jaime Dávalos.
28/9/10
Juan de Dios Peza - Recuerdos de mi vida
23/9/10
Humberto Constantini - Gardel
Para mí, lo inventamos.
Seguramente fue una tarde de domingo,
con mate,
con recuerdos,
con tristeza,
con bailables bajito, en la radio,
después de los partidos.
Seguramente nos dolía una foto en la pared,
algún no tengo ganas,
algún libro.
Yo creo que andaríamos así,
sonsos de aburrimiento,
solitariando viejos para qués,
sin mujer o sin plata,
y desabridos.
Seguramente nos sentimos de golpe
terriblemente solos,
muy huérfanos, muy niños.
Tal vez tocamos fondo.
Tal vez alguien pensó en el amasijo.
Entonces, qué sé yo,
nos pasó algo rarísimo.
Nos vino como un ángel desde adentro,
nos pusimos proféticos,
nos despertamos bíblicos.
Miramos hacia las telarañas del techo,
nos dijimos:
“Hagamos pues un Dios a semejanza
de lo que quisimos ser y no pudimos.
Démosle lo mejor,
lo más sueño y lo más pájaro
de nosotros mismos.
Inventémosle un nombre, una sonrisa,
una voz que perdure por los siglos,
un plantarse en el mundo, lindo, fácil,
como pasándole ases al destino”.
Y claro, lo deseamos
y vino.
Y nos salió morocho, glorioso, engominado,
eterno como un Dios o como un disco.
Se entreabrieron los cielos de costado
y su voz nos cantaba:
mi Buenos Aires querido...
Eran como las seis,
esa hora en que empiezan los bailables
y ya acabaron todos los partidos.
Humberto Constantini
Cuentista, novelista y autor teatral, participó desde joven en revistas de tono polémico. Entre 1963 y 1975 publicó "Un señor alto, rubio, de bigotes", "Tres monólogos", "Más cuestiones con la vida", "Una vieja historia de caminantes", "Háblenme de Funes", "Los héroes de Trelew", y "Bandeo". En 1976 se exilia en México.
Regresa al país en enero de 1984. Su novela "De dioses, hombrecitos y policías" (Premio Casa de las Américas 1979), fue traducida al inglés, alemán, hebreo y búlgaro. Dejó inconclusa su novela "Rapsodia de Raquel Liberman". Falleció el 7 de junio de 1987.
Audio: recitado por el actor Arturo Bonin, tomado del programa radial El Desconcierto del Domingo, de Quique Pesoa.
Imagen: Caricaturas del autor y de Carlos Gardel por el caricaturista Diego Parpaglione (ParpaBlogspotCom).
20/9/10
José María Arguedas - Sobre el folclore

Audio: Jose María Arguedas, voz en vivo habla sobre la importancia en el folclore en conferencia (Open Source Audio)
Imagen: Ilustración del autor (caricatura en acuarela) del caricaturista arequipeño Omar Zevallos (OmarzevallosBlogspotCom).
Sobre J. M. Arguedas en Wikipedia.
Algo más sobre José María Arguedas.
13/9/10
Leonel Rugama - El libro de la historia del Che

hijo de Augusto
hijo de Lautaro:
apubim ta pu huican”
(Yo soy Lautaro que acabó con los españoles)
y hermano a su vez de Caupolicán (el flechador del cielo)
y de Colocolo
engendró a Oropello;
Oropello engendró a Lecolón,
y a sus hermanos;
Lecolón engendró a Cayeguano;
Cayeguano engendró a Talco ;
Talco engendró a Rengo;
Rengo engendró a Tupac-amaru;
Tupac-amaru engendró a Tupac-yupanqui;
Tupac-yupanqui engendró a Tucapel;
Tucapel engendró a Urraca de Panamá;
Urraca engendró a Diriangén de Nicaragua
y este se suicidó
en las faldas del volcán Casitas
para nunca ser capturado.
Diriangen engendró a Adiact
y este fue colgado
en un palo de tamarindo que está en Subtiava
"Aquí murió el último jefe indio"
y la gente de todas partes lo llega a ver como gran cosa
Adiact engendró a Xochitl Acatl (Flor de la caña)
Xochitl Acatl engendró a Guegue Miquistl (perro viejo),
Guegue Miquistl engendró a Lempira;
Lempira engendró a Tecun-Uman;
Tecun-Uman engendró a Moctezuma Iluitamina;
Moctezuma Iluicamina engendró a Moctezuma Zocoyotlzin;
Moctezuma Zocoyotlzin engendró a Cuauhtemoc;
Cuauhtemoc engendró a Cuauhtemotzin
y este fue ahorcado por los hombres de Cortes
y dijo:
lo que significa confiar
en vuestras falsas promesas
¡oh malinche! (Cortés)
yo supe desde ese momento
en que no me di muerte
por mi propia mano
cuando entrásteis a mi ciudad
de Tenochtitlán
que me tenías reservado ese destino".
Quaupopoca engendró a Tlacopán;
Tlacopán engendró a Huascar;
Huascar engendró a Jerónimo;
Jerónimo engendró a Pluma Gris;
Pluma Gris engendró a Caballo Loco;
Caballo Loco engendró a Toro Sentado;
Toro Sentado engendró a Bolivar;
Bolivar engendró a Sucre;
Sucre engendró a José de San Martín;
José de San Martín engendró a José Dolores Estrada;
José Dolores Estrada engendró a José Martí;
José Martí engendró a Joaquín Murrieta;
Joaquín Murrieta engendró a Javier Mina;
Javier Mina engendró a Emiliano Zapata;
Emiliano Zapata engendró a Guerrero;
Guerrero engendró a Ortiz;
Ortiz engendró a Sandino
Augusto César Sandino
hermano de Juan Gregorio Colindres
y de Juan Umanzor
y de Francisco Estrada
y de Sócrates Sandino
y de Ramón Raudales
y de Rufo Marín
porque es la causa de la justicia
porque es la causa del amor"
con los pocos que me acompañan
porque es preferible
hacernos morir como rebeldes
y no vivir como esclavos".
el esposo de Adelita
del cual nació el "CHE"
que se llama Ernesto.
gozó de la tierra prometida
en el mes más crudo de la siembra
sin más alternativa que la lucha.
Leonel Rugama (1949-1970), La Poesía de Nicaragua
Audio: recitado por el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal (tomado del programa radial Espejos todavía, FM La Tribu, Bs. As., Argentina)
Imagen: del Códice de Dresden.
Eduardo Galeano sobre Leonel Rugama
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10/9/10
Bruno Traven - Canastitas en serie

Bruno Traven: Canastitas en serie, en Canasta de cuentos mexicanos (1956)
Fte. img y audio: Colectivo Koman Ilel
Sobre Bruno Traven en Wikipedia.
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2/9/10
Oliverio Girondo - Llorar a lágrima viva
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma,
la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología,
llorando.
Festejar los cumpleaños familiares,
llorando.
Atravesar el África,
llorando.
Llorar como un cacuy,
como un cocodrilo...
si es verdad
que los cacuyes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo,
pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz,
con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo,
por la boca.
Llorar de amor,
de hastío,
de alegría.
Llorar de frac,
de flato, de flacura.
Llorar improvisando,
de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!
Oliverio Girondo, de Espantapájaros (1932)
Audio: leído por el actor Darío Grandinetti en el film El lado oscuro del corazón.
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